
Me vi al espejo y el reflejo que vi era el de una mujer anciana. Me asombré pues en mi rostro de veintitantos años había una mujer de ochenta, me impactaron los surcos en mis mejillas, los ojos verdes ocultos tras una malla de arrugas, los finos labios convertidos en una escurridiza cascada que descendía a mi marchito cuello. Me pareció estar viendo el reflejo de mi alma... No supe si seguir mirando, me asusté, quizá no soy la primera persona en esta tierra que se atreve a mirar más allá de su cuerpo, pero quizá sí lo sea, y quizá poder verse desnudo al espejo signifique un augurio, el anuncio de la muerte, o quizá la filosofía y la ciencia se terminan cuando uno puede ver un espejo y mirar su alma. Comprendí entonces de religión, de metafísica, de terror, y hasta de ciencia ficción. Comprendí la de pronto imprudente ola de recuerdos que vienen a mí de vez en cuando, recuerdos que busco en esta vida, y que no encuentro porque no los he vivido...Supe quien era él, quien fui yo, al fin entendí ese saco de penas que traigo en la espalda cargando, un saco que de pronto me parecía que no debía ser mío, y que ahora entiendo que son el peso de todos los malos actos que cometí en otro tiempo y en otra vida.
Ahora ya puedo decir que si en otro cuerpo me había descubierto a mí misma buscando la felicidad en los trapos que me cubrían, en las carrozas en las que me paseaba, en algunos libros, en un buen vino y que estaba equivocada, entonces la felicidad tal vez se encuentre en un platillo, en una sonrisa, en el feo amante que aunque amé, siempre me sentí avergonzada de presentarme con él al mundo… ahí estaba la felicidad, depositada en los pequeños detalles, habitando en los diminutos rincones. Si todo esto entendí en otra vida, entonces en esta deberé de practicar lo que ahora sé...
En otro cuerpo aprendí a sacudirme con las emociones y a callar a mi cuerpo cuando quería expresarlas, este cuerpo es otro, el alma es la misma… “el poder de la idiosincrasia, la evolución, el destino, o quizá las coincidencias”: pero esta vida me permite regocijarme con los placeres... quizá en otra vida el "gozo" sea un platillo muy caro, y si en esta nueva que soy disfrutar es económico, más vale aprender a hacerlo.
Volví a observarme en ese espejo, quizá mi anterior visión era falsa, producto de las horas que llevo tras el fosforescente iluminar del monitor, una esquizofrénica visión resultante de los residuos de los antidepresivos, o quizá mera locura... pero no, ahí seguía la anciana refunfuñando ante el espejo... Me da la impresión de que si no aprovecho pronto las enseñanzas de lo que fui en otro mundo con el cuerpo de la que soy en éste, si no aprendo a sentir más ligeras las piedras que llevo en la espalda, si no me acepto como un viejo espíritu y lo comprendo, lo asimilo, en vez de andar hurgando en la filosofía para darme a mí misma explicaciones de mí, si no vivo con mis karmas, mis chacras, mis vulnerabilidades hormonales, mis errores mi pasado y mis otras vidas entonces mi alma se hará más vieja y pronto mi reflejo será cadavérico...