
Viendo esta imagen, vinieron a mi mente miles de recuerdos, recordé cuando era niña y bailaba frente al espejo imaginando que tenían un príncipe azul que me guiaba al compás de la música.
Recordé cuando en los bailes de quince años me ilusionaba viendo el vals de la quinceañera y anhelaba que llegara el momento en que me tocara a mí estar en esa pista en brazos de mi padre y después de mi chambelán.
Pero el recuerdo más grato fue el de nuestro primer baile. Como si fuera ayer, recuerdo ese día, al principio fuimos 2 extraños fumando en el lobby de un hotel, para después ser unos recién conocidos bailando en una fiesta, no recuerdo bien que canción nos hizo apagar el cigarro para correr a la pista a bailar, tampoco recuerdo quién invito a bailar a quién… pero te recuerdo entre el humo y las luces moviéndote al ritmo de la música, la cual al principio no requería de contacto físico alguno, de vez en cuando tomabas mi mano y me hacías girar, utilizábamos todos los complementos que te dan en las fiestas como globos, máscaras, antifaces, cualquier objeto nos causaba risa. l
Las luces fueron cediendo junto con la música que se acercaba a su fin, la pista empezaba a vaciarse quedando sólo parejas que conforme cambiaba el ritmo iban abrazándose para bailar canciones más suaves y fue entonces que comenzó una canción un poco más calmada. Ambos nos miramos concediéndonos el permiso pedido sin palabras para continuar el baile, entonces te acercaste y pasaste tu brazo por debajo de mi brazo colocando tu mano a media espalda yo apoyé mi mano izquierda sobre tu hombro y tomé tu mano derecha manteniendo la distancia como si se tratase de un vals de época.
La canción terminó y entonces vino la canción definitiva, esa que aún suena en mi mente como si fuera ayer el día que la escuché y el día que bailamos. Recuerdo que conforme avanzaba la melodía la distancia entre nosotros se iba reduciendo, tus brazos me envolvían mas y tus manos bajaban hacia la cintura, yo por mi parte, envolvía tu cuello con mis brazos mientras recargaba mi cabeza en tu pecho escuchando los latidos de tu corazón.
Fue breve el momento de ese baile y fueron pocos los minutos en los que mi cuerpo se movió al compás del tuyo y mi alma se movió al ritmo de la música de tu corazón. Aún así esos minutos bastaron para cambiar mi vida para siempre.
Mi mente pronto dejó de recordar esos momentos y ahora me ha transmitido una serie de imágenes de todo lo vivido después de ese baile y entonces recordé que hemos vivido parte de nuestra vida juntos y otra parte separados, como ahora, pero a pesar de eso nadie nunca ha logrado romper nuestro vínculo. Siempre has estado dentro de mí, bailando conmigo, abrazándome, aconsejándome cuando me encuentro sola, pero también lo has hecho cuando me encuentro rodeada de gente y mi pensamiento me llevaba a tu lado. No dejo de pensar en la suerte que tuve de encontrarte, en la valentía que me diste al creer en mí, en la fortaleza que tuviste cuando tuviste que querer y remar por los 2 y en la confianza que depositaste en mí al dejarme entrar a tu vida. Gracias por toparte en mi camino, gracias por haber existido, gracias por haberme incluido en tu vida y gracias por formar parte de la mía.
Por eso y por más cosas que nos faltan por vivir, te pido que el día que queden 5 minutos para que el mundo se termine, me dediques un último baile, sin importar lo que estemos haciendo, si estamos lejos o si hemos perdido contacto por completo, quiero ese día bailar contigo por última vez. 5 minutos nada más, los justos para el último baile, el que quiero bailar contigo.
¿Sabes? Lo mejor que tiene el último baile es que es irrepetible, precisamente es el último y no habrá más…
¿Entonces qué dices? ¿Reservarías el último baile a mí?
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